Las y los poetas de la Casa del Poeta Peruano - Sede Tumbes, se aunan a la celebracion de nuestro ser mas querido LA MADRE, a ella en su dia y para todos los dias les hacemos llegar un pequeño ramillete de poemas, creados por miembros de nuestra sede. Esperamos sean de su agrado y si tienen algunos por favor les solicitamos los escriban en nuestro blog.

A MI MADRE

Autor: Félix Moran Davis
Mi madre, pedacito de ternura
de mirada triste
y de manos cenicientas
solía recoger en el verano
los recuerdos
y amontonar en el otoño,
con dolor,
las rosas secas.
Mi madre, mi pobre madre
sobre los ojos tristes de la tarde.
Sonreía...
mientras yo jugaba
ella remendaba mis pobrezas
una y otra vez
con la paciencias infinita de sus manos.
Mi madre, mi pobre madre
hilvanaba con ternura,
todos los días, mis crepúsculos inciertos.


BALADA DEL MUCHACHO QUE PARTIO

Autor: Luis Eduardo Avalos Bustamante
Madre,
tengo que marchar.
El tiempo me pregunta
en que lejana cordillera
dejé prendido
mi rebelde horario.
Madre, tengo que partir
cuida mi huella.
Me voy al bosque donde extravié
mi trino solitario.
Parto para traerte
todas las estrellas azules
del norte.
Alegra tu sonrisa
para cuando el cóndor baje
y el río brame.
Madre, tengo que partir
zurce con lagrimas mi camino.



LA ESCUELA MATERNA
(A Martha Chunga Vda. de Meza)
Autor: Rigoberto Meza Chunga.
Con un dedo de su mano morena,
sobre un mapa descolorido
empecé a viajar por mil ciudades
y paises.
Con una mirada de sus ojos tristes,
sobre mis cinco o seis años,
supe cuál era la izquierda y cómo
era la derecha.
Con su voz, que aún puebla mi soledad,
fue llenando de relatos
y esperanzas mi cabeza, y de sueños
mis noches y mis días.
Con una arruga de su frente,
sobre mis ojos sedientos,
fue dejando de quebrar los días
de mi infancia.
Con una palabra suya fui joven
en la adolescencia.
Con una lágrima todavía me dice adiós
en mis viajes y sueños y veleidades
y que tenga cuidado o no lo vuelva a hacer
según el caso, mi madre.

EVOCACION

Autor: Felix Hugo Noblecilla Purizaga
Mi madre,
lloraba en silencio
la amargura
de sus penas.
Con la magia
de sus manos
dibujaba tiernamente
nuestras sonrisas